lunes, 13 de julio de 2009

Sobre el sedevacantismo

Leo en Radio Cristiandad:

Excelente comentario que hemos recibido a uno de nuestros posts y en respuesta a otro comentarista:

Gracias jafg

Ciertamente Mons. Lefevbre no fomentó la ruptura total con Roma (ese es uno de los puntos que algunos de los llamados sedevacantistas le critican, pues en su sentir se quedó a medias). Pero también es cierto que veía como una ilusión el querer convertir a la jerarquía. Esto no quiere decir que no lo deseara.

Otra cosa, muchas personas se asustan con el término sedevacantista como si de por sí el serlo fuera malo. Pienso que la causa de esto es que algunos sedevacantistas cayeron en excesos como el multicitado caso del Palmar de Troya y tiende a relacionarse este exceso con el sedevacantismo. Un sedevacantista puro, usando el término de Mons. Williamson, simplemente rechaza la idea de considerar Papa a una persona que ha participado activamente en actos apóstatas y que ha sostenido reiterativamente tesis heréticas. Un sedevacantista puro está tan sólo un paso más allá de un “tradicionalista” no sedevacantista. El no sedevacantista se rehusa a juzgar al Papa (pues se considera testigo y no juez) de manera que no puede sentenciar que es apóstata ni hereje (aunque en su interior pueda creer que efectivamente lo es) y por lo tanto no tiene argumento para dejar de considerarlo Papa; el sedevacantista sí hace ese juicio, y entonces naturalmente tiene argumentos para considerar que la Santa Sede está vacante. Esta, en mi opinión, es la única diferencia entre sedevacantistas y no sedevacantistas. En cambio, hay muchísimos puntos de convergencia o coincidencia y el principal es que se rechazan los cambios en la doctrina y en la liturgia (porque la liturgia está ligada a la doctrina) originados por el movimiento neo modernista que se manifestó más claramente desde el concilio vaticano ii.

Las diferencias que algunos puedan encontrar entre sedevacantistas y no sedevacantisas seguramente se deberán a opiniones en otras materias (derivadas o no del hecho de ser sedevacantistas o no sedevacantistas), pero esas opiniones no están estrictamente ligadas a la posición de sedevacantista o de no sedevacantista. (Nótese que para referirme a los no sedevacantistas no utilizo el término sedeplenistas, como algunos han sugerido. Esto es porque un no sedevacantista no necesariamente sostiene que la Santa Sede está ocupada, sino que puede creer que no lo está, pero reconoce su incapacidad para juzgar al Papa y por lo mismo no puede afirmar categóricamente la vacancia de la sede).

Hay que considerar que a Honorio I se le excomulgó y condenó por mucho menos de lo que hemos visto hacer a los últimos Papas. Por ello Mons. Lefebvre comentó la posibilidad de que en el futuro se declarara que estos últimos Papas habían caído en herejía y que por lo mismo habían dejado de ser Papas, aunque dijo que por el momento no creía conveniente apegarse a este pensamiento.

Ahora bien, dejarse llevar porque Benito XVI gusta del latín y de algunas tradiciones y sostiene algunas de las enseñanzas de la Iglesia, es ser ingenuo, si es que se tiene en cuenta que el mismo Benito XVI participa en ritos ajenos a todo católico, no rechaza (por lo menos abiertamente) el modernismo impidiendo que más católicos apostaten, y en fin, continue haciendo todos esos actos que “lo dejan a uno perplejo”.


Ante lo cual he de decir lo siguiente:

1º.- Por sus frutos los conocereis. Y el Palmar de Troya es fruto sedevacante, al igual que otro de los frutos característicos de esa opinión, tal cual es el celo amargo.

2º.- No juzguéis y no sereis juzgados. La prudencia de no seguir las declaraciones de todo lo que contradice la Tradición no debe llevar al juicio, porque ese está reservado a Dios.

3º.- En la historia de la Iglesia nunca se ha dado la posición sedevacante, es tan novedosa como el Concilio Vaticano II del que surge como reacción. Otra cosa es la resistencia a pecar contra la Fe, a lo que no obliga ninguna obediencia, es más, obliga la única obediencia, a Dios , el resistir a los hombres.

jueves, 9 de julio de 2009

Caritas in veritatis


No tengo más que decir, siguiendo al divino Maestro, que por sus frutos nos son conocidos. Tras esta Encíclica, que esperemos pase pronto al olvido de los documentos papales, se ve la alargada sombra de la Comisión Justicia y Paz, cuyo Compendio de "doctrina social de la Iglesia" es un rebozo modernista del que derivan los siguientes errores doctrinales:

- La soberanía popular, fruto de la herejía de la negación del pecado original.
- La "despenalización" de la democracia condenada por San Pío X en Le Sillon.
- La separación de la Iglesia y del Estado.
- El papel subsidiario de "las religiones" frente a los gobiernos como vía para alcanzar la paz.
- El agrupamiento, en un mismo saco de ignominia, del "fundamentalismo religioso".
- La autoridad supranacional en un nuevo orden mundial.

Que queda todo resumido en el asentamiento de los Derechos del Hombre y la libertad religiosa como primer derecho fundamental.

Viejos conocidos de todos, supongo. Por lo que no está mal acordarse de algunas prácticas que que se han querido erradicar de la vida de la Iglesia (y que el signo de los tiempos es tozudo):

La Cofradía reparadora antimasónica, aprobada por la Iglesia en su tiempo, no debiera ser sóplo conocida, sino sobre todo relanzada. La Cofradía fue instituída por una revelación privada de Nuestro Señor a una terciaria franciscana, Juana Baillet, en enero de 1873, mientras hacía oración en Notre Dame de París:

"Lo que deseo, es que los buenos sacerdotes, por la ofrenda del Santísimo Sacrificio de la Misa, hagan reparación a la Santísima Trinidad de los ultrajes que le son hechos en esas reuniones criminales. Que se unan de tres en tres para honrar por esa unión, la adorable Trinidad, tan indignamente ultrajada. Por esa reparación yo me comprometo a destruir esas socieades impías".

Su confesor, de acuerdo con los superiores de la Orden de los Capuchinos, estudia la comunicación de su penitente, así funda un comité director con el acuerdo de la autoridad eclesiástica. El Cardenal Guibert aprueba los estatutos de la Cofradía y la encomienda al patronazgo de San Miguel Arcángel. En enero de 1875, el papa Pío IX redacta un Breve de aprobación. He aquí un extracto:

"...Nosotros pensamos que es nuestro deber recomendar el proyecto que habéis dado forma para apaciguar a Dios ofendido por esa sociedad impía que, sobre todo en sus antros, le llenan de insultos y blasfemias; de pedir al mismo tiempo al Señor la destrucción de la secta y la conversión de aquellos de sus partidarios, y por eso, de formar, con el permiso de la primera autoridad eclesiástica, una cofradía donde los miembros, si ellos son sacerdotes, se unan en triunviratos, a fin de ofrecer cada día el Santo Sacrificio de la Misa a la Santísima Trinidad, y, si fueran seglares, la triple comunión reparadora. Nos, nos alegramos por la noticia de que esta Cofradía, apenas formada, tiene ya una considerable propagación. Nosotros le deseamos una mayor todavía..."

San Pío X acordó a todos los miembros de la Cofradía dar su bendición apostólica. He aquí un extracto de los estatutos, tal y omo fueron aprobados por el Santo Padre:

"Los sacerdotes asociados ofrecerán el Santísimo Sacrificio de la Misa, una o más veces por semana o por mes, en los días que ellos determinaron cuando realizaron la inscripción en la Cofradía. Estos que ex officio o por otra causa, no pudieran, en el día fijado, ofrecer la Santa Misa por la intención de la Cofradía, la llevarán como intención secundaria y ofrecerán como complemento sus méritos de la jornada en espíritu de sacrificio, de reparación y de expiación. Los miembros de las comunidades religiosas y los seglares recibirán la Comunión con las intenciones precitadas, en los días determinados por ellos a la hora de inscribirse. Aquel, en el día fijado, no haya recibido la Santa Comunión o celebrado la Santa Misa, lo hará tan pronto como le sea posible".

Como se puede observar, dada la actualidad de la sierpe masónica, nada mejor para combatirla que renovando las prácticas de la Cofradía. No hay que olvidar que si los Papas de los siglos precedentes combatieron con valentía el buen combate de la fe, fue en gran medida por estos auxilios. No es casualidad de que la desaparición de estas prácticas de piedad lleven aparejado la introducción de la secta no sólo en las naciones, sino en la misma entraña del Vaticano. (Traducción de La Porte Latine).

miércoles, 8 de julio de 2009

Una de arena y otra de arena

CARTA APOSTÓLICA "MOTU PROPRIO"


ECCLESIAE UNITATEM


DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI
SOBRE LA COMISIÓN ECCLESIA DEI


1. La tarea de custodiar la unidad de la Iglesia, con la solicitud de ofrecer todos las ayudas para responder en modos oportunos a esta vocación y gracia divina, corresponde de modo particular al Sucesor del Apóstol Pedro, el cual es el perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad tanto de los obispos como de los fieles [1]. La prioridad suprema y fundamental de la Iglesia, en todo tiempo, de conducir a los hombres hacia el encuentro con Dios debe ser favorecida mediante el compromiso de llegar al común testimonio de fe de todos los cristianos.


2. En la fidelidad a tal mandato, al día siguiente del acto con que el Arzobispo Marcel Lefebvre, el 30 de junio de 1988, confirió ilícitamente la ordenación episcopal a cuatro sacerdotes, el Papa Juan Pablo II, de venerada memoria, instituyó, el 2 de julio de 1988, la Pontificia Comisión Ecclesia Dei “con la tarea de colaborar con los obispos, con los dicasterios de la Curia Romana y con los ambientes interesados, para facilitar la plena comunión eclesial de los sacerdotes, seminaristas, comunidades, religiosos o religiosas, que hasta ahora estaban ligados de distintas formas a la Fraternidad fundada por le arzobispo Lefebvre y que deseen permanecer unidos al Sucesor de Pedro en la Iglesia católica, conservando sus tradiciones espirituales y litúrgicas, según el protocolo firmado el pasado 5 de mayo por el cardenal Ratzinger y por el arzobispo Lefebvre” [2].


3. En esta línea, adhiriendo fielmente a la misma tarea de servir a la comunión universal de la Iglesia en su manifestación también visible y realizando todo esfuerzo para que a todos aquellos que tienen verdaderamente el deseo de la unidad se les haga posible permanecer en esta unidad o reencontrarla de nuevo, he querido ampliar y actualizar, con el Motu Proprio Summorum Pontificum, la indicación ya general contenida en el Motu Proprio Ecclesia Dei acerca de la posibilidad de usar el Missale Romanum de 1962, por medio de normas más precisas y detalladas [3].


4. En el mismo espíritu y con el mismo empeño de favorecer la superación de toda fractura y división en la Iglesia y de sanar una herida sentida de modo cada vez más doloroso en el tejido eclesial, he querido levantar la excomunión a los cuatro Obispos ordenados ilícitamente por Mons. Lefebvre. Con tal decisión, he querido quitar un impedimento que podía perjudicar la apertura de una puerta al diálogo e invitar de este modo a los Obispos y la “Fraternidad San Pío X” a reencontrar el camino hacia la plena comunión con la Iglesia. Como he explicado en la Carta a los Obispos católicos del 10 de marzo pasado, el levantamiento de la excomunión ha sido un procedimiento en el ámbito de la disciplina eclesiástica para liberar a las personas del peso de conciencia provocado por la censura eclesiástica más grave. Pero las cuestiones doctrinales, obviamente, permanecen y, hasta que no sean aclaradas, la Fraternidad no tiene un estatuto canónico en la Iglesia y sus ministros no pueden ejercer en modo legítimo ningún ministerio.


5. Precisamente porque los problemas que deben ser tratados ahora con la Fraternidad son de naturaleza esencialmente doctrinal, he decidido – a veintiún años del Motu Proprio Ecclesia Dei y en conformidad con cuanto me había reservado hacer [4] – repensar la estructura de la Comisión Ecclesia Dei, relacionándola de modo estrecho con la Congregación para la Doctrina de la Fe.


6. La Pontificia Comisión Ecclesia Dei tendrá, por lo tanto, la siguiente configuración:


1) El Presidente de la Comisión es el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe.

2) La Comisión tiene su propio diagrama orgánico compuesto por el Secretario y por los Oficiales.

3) Será tarea del Presidente, ayudado por el Secretario, someter los principales casos y las cuestiones de carácter doctrinal al estudio y al discernimiento de las instancias ordinarias de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y también someter los resultados a las superiores disposiciones del Sumo Pontífice.


7. Con esta decisión he querido, en particular, mostrar paternal solicitud hacia la “Fraternidad San Pío X” con el fin de reencontrar la plena comunión con la Iglesia.


Dirijo a todos una apremiante invitación a orar incesamente al Señor, por la intercesión de la Santísima Virgen María, “ut unum sint”.


Dado en Roma, junto a San Pedro, el 2 de julio de 2009, quinto año de Nuestro Pontificado.


BENEDICTUS PP. XVI


[1] Cfr Conc. Oecum. Vat. II, Const. dogm. de Ecclesia, Lumen gentium, 23; Conc. Oecum. Vat. I, Const. dogm. de Ecclesia Christi Pastor aeternus, c. 3: DS 3060.

[2] Ioannes Paulus II, Litt. ap. motu proprio datae Ecclesia Dei (2 Iulii 1988), n. 6: AAS 80 (1988), 1498.

[3] Cfr Benedictus XVI, Litt. ap. motu proprio datae Summorum Pontificum (7 Iulii 2007): AAS 99 (2007), 777-781.

[4] Cfr ibid. art. 11, 781.


TRADUCCIÓN: LA BUHARDILLA DE JERÓNIMO

COMENTARIO: Desarrollaré con tiempo el tema de las dos de arena, o como decimos en castizo: las dos en la frente. Tanto la Encíclica social, como este Motu tienen el trasfondo modernista de siempre.

Por ejemplo, la misión de la Iglesia de manera inequícova es llevar a los hombres las fuentes de la gracia y la salvación, los sacramentos, recibidos por el don de la fe, alimentados por la esperanza y cimentados en la caridad. El término "encuentro con Dios" en una Iglesia oficial ecuménica es cuanto menos equívoco.


lunes, 22 de junio de 2009

Falsa renovación

Lo dijimos, y así, desgraciadamente ha sido. La llamada renovación de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús ha sido una farsa, un acto impío por el que habrá que reparar. Porque no hay mayor impiedad que la mentira y el engaño. Moldear el querer de Dios al juicio de los hombres es llevar otra vez a Jesús al Sanedrín para acusarle.

Desde la fórmula de consagración, que omito porque está al acceso de todos, hasta la prohibición de llevar banderas españolas con el Sagrado Corazón como escudo por parte de los organizadores, no admite otro calificativo que cafrada monumental.

Y son los actos los que hay que juzgar, no las intenciones, éstas si buenas o malas sólo es competencia de Dios, por lo que no las menciono. Ante este bochornosos y escandaloso espectáculo no me queda que decir con María en Fátima:

"Que no ofendan más a Dios Nuestro Señor que ya está bastante ofendido".

domingo, 14 de junio de 2009

Renovación

Renovar, mutatis mutandi, no es reformar. Y me explico. La primera Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús fue en sí misma una renovación. ¿Renovaciòn de qué? La renovación de ese día de gloria en el Cerro de los Ángeles, fue la renovación de la transfiguración del Tabor. Transfiguración en pleno deicidio de sociedades y de naciones, de individuos y de gobernantes, fue más bien la respuesta divina, en un gesto sublime de omnipotencia y de soberanía, al ultraje oficial que lo clavaba en el Calvario. Omitir, por hoy, esa respuesta, o en su silencio, o en su débil o ambigua forma es otra vez volver a clavar a Cristo en el Calvario.

Hay que dejar claro que la Renovación de la consagración es la proclamación solemne, ante los modernos Sanedrines, de su divina Realeza, de su Derecho inalienable y que jamás prescribe, derecho absoluto a reinar sobre las sociedades redimidas, herencia de su sangre. Y, además, con esta tan espléndida cuanto bellísima ostentación de pujanza y de gloria en plena Vía Dolorosa, debe alentar a los tímidos, debe reaviviar la fe de muchos de sus amigos, desanimados como los discípulos de Emaús. ¡Son tantos los buenos, pero pobres de fe, y más pobres aún de amor y de confianza, que han desmayado en la lucha ante la insolencia aparentemente victoriosa de la impiedad y el silencio --diempre fecundo-- del Señor, que parece dormitar en la barca del Sagrario, pero cuyo Corazón vela amorosamente. Por eso, y así, la Renovación debe ser el triunfo espléndido del Señor y Rey en el Tabor que ha elegido Él mismo en tierra española.

Gloria nuestra, españoles: ¡oh!, paguémosle con amor, no con rebajes de su Realeza. Y si, efectivamente, la ausencia de las autoridades debe afianzarnos en la absoluta ilegitimidad de éstas, que no estén es un aviso del Señor no un acto de indiferencia de los que detentan el poder. La Iglesia no consagra, sino que es testigo santo así de las glorias como de las divinas ignominias, y por eso no podrá faltar en el Tabor. ¿Pero quién ofrecerá España a la Renovación? Ante el estado de necesidad, los corazones de los españoles, y como si de Fátima nos llegara la luz, entendemos que la Iglesia suple a las autoridades civiles ilegítimas. Por eso no podrá faltar en este nuevo Tabor, como no faltará tampoco en el Calvario; y tomará consigo la falange de los fieles y esforzados, el grupo de los amigos, la vanguardia decidida de los apóstoles, de su amor.

No es de extrañar que la tradición (Maldonado) otorgue la nacionalidad española al Centurión que confesó en el Calvario: "En verdad este era el hijo de Dios". España, ¡qué grande te presentas ante las demás naciones, transfigurada tú también en la Transfiguración de Jesús, en recompensa merecida de haber brindado un Tabor al Dios del Calvario!

Ahora bien, reformar todo esto y convertirlo en ceremonia herética con ritos blasfemos judaizantes y discursos de negar a Cristo su dominio absoluto e irrenunciable en las leyes a través de la multisecular enseñanza de la Iglesia, más que bien nos traerá un diluvio de improperios y de maldiciones que, no lo quiera Dios, más valiera para eso no hacer nada.

domingo, 7 de junio de 2009

El desmadre consumado

Me decía un compañero el otro día tras asistir a una boda de unos familiares putativos, curiosamente el sentido literal y el lato hacían conjunción (no planetaria), en Mallorca que toda la ceremonia fue en mallorquín, y que por supuesto, no se enteraron de nada. ¿Cómo no meditar estas palabras escritas en el siglo XIX?:

"Aunque jamás ha dicho la Iglesia que se debía celebrar el servicio divino en una lengua ininteligible al pueblo, tampoco ha creído conveniente que se celebrasen los oficios en lengua vulgar, ni que sufriesen todas las visicitudes de esta. Las asambleas cristianas han observado generalmente y con el mayor cuidado que no debía sujetarse el idioma de los santos misterios a las alteraciones del lenguaje común a causa del grave inconveniente de los errores que podrían deslizarse con motivo de estas alteraciones en la oración pública, donde están consignados las mayor parte de nuestros dogmas. Desde los tiempos apostólicos se celebró en siriaco, idioma que se hablaba entonces en Jerusalén; en griego y en latín, que eran los idiomas más divulgados en esta época, pero se conservaron estas tres lenguas litúrgicas cuando cesaron de estar en uso: la Iglesia de Oriente se sirve aún del griego clásico, tal como lo hablaban San Lucas y San Juan Crisóstomo. La Iglesia de Occidente adoptó el latín, que era el lenguaje más usual y el más extendido. Si se sirviese de las lenguas vivas para el sacrificio, ¿quién no comprende que sería necesario multiplicar los libros sagrados, no solamente para cada pueblo, sino para cada idioma de cada nación, para todos los dialectos de cada país; que sería necesario cambiar las palabras conforme se anticuasen o se hicieran ridículas e inconvenientes; que la expresión de la doctrina se alteraría infaliblemente en todas esas correccciones; que aun en esta hipótesis los fieles que marchasen de una provincia a otra caerían en el inconveniente de no entender nada, y que si se empleasen las lenguas modernas sin someterlas a sus alteraciones y a los peligros a ellas consiguientes, volvería a aparecer con el tiempo la dificultad que se pretende destruir, pues el lenguaje patrio llegaría a ser tan ininteligible como el latín, como sucede con el castellano antiguo?"

No sé como algunas de las consecuencias del CVII todavía algunos cretinos, y blasfemos, les llaman soplos del Espíritu Santo cuando no son más que auténticas soplapolleces.

lunes, 1 de junio de 2009

La fe



La fe es el don más precioso de las virtudes teologales. Es, del árbol de la vida nueva, las raíces y el tronco. La esperanza son las ramas y la caridad son sus frutos. El árbol al que se le arrancan los frutos y se le podan sus ramas, pero mantiene vivo el tronco, siempre puede volver a reverdecer; en cambio, al árbol que se le seca el tronco muere.

Cuando entre la verdad de la doctrina que es la Fe objetiva, y la autoridad que debe servirla se entra en conflicto, es claro que hay que seguir siempre a la verdad. A este respecto Mons. Williamson nos dice que existe el riesgo de perder, por abuso de la autoridad de sus funciones, el sentido de la catolicidad. Bien, pero no perdamos de vista que nuestro Señor maldijo a la higuera que no daba frutos cuando Él lo pedía, a pesar de no ser tiempo de que los diera. Por lo menos, nunca perdamos la intención de permanecer fieles al sentido católico. Pidamos, pues, por la rectitud de intención, baluarte de la caridad.