miércoles, 9 de diciembre de 2009

Romance de los Muertos en el Campo



¡Ay los muertos de la guerra,- sin mármoles y sin cruces!
¡Ay los muertos de la guerra,- con su epitafio de vientos y de nubes!

El sol de este nuevo otoño,- ¡cómo en España reluce!
Almohadas son los ribazos,- los valles son ataúdes.
Ni carrozas de caballos,- ni lentas músicas fúnebres
tuvieron, ni compañía - de emperadores y duques.
Las yerbecitas del campo,- figiéndose manos dulces
de novias y enamoradas,- los amortajan y cubren.

¡Qué paradoja estos muertos,- que entre tréboles verdes
apenas un palmo suben!
No sobrepasan las flores - ¡y sobrepasan las cumbres!

Los lechos donde se duermen,- cunas son, que no ataúdes.
Hoyos parecen abiertos - para las cepas de octubre.

¡Paradoja de una muerte - que tanta vida produce!
Movimiento de gusanos - sobre las frías quietudes.
Espuma de margaritas,- abierta, una boca escupe.
Macetas de jaramagos - son unos ojos sin luces.

¡Paradoja de la guerra:- miseria donde nacen
futuras excelsitudes!
Paradoja de la guerra:- la misma infinita y dulce
paradoja redentora - que nuestras miserias cubre.
La muerte que engendra vida,- la niebla que esconde luces.
¡El monte de aquel Viernes,- y sobre el monte tres cruces!

Campos de España, infinitos:- caminos de aquel octubre...
¡Qué olor de Historia naciente - entre tanta podredumbre!

Y aquellos héroes caídos,- ¡qué humildes entre las yerbas!
y entre las flores, ¡qué dulces!
¡Cómo la anchura del campo - y el cielo los disminuye!
¡Y cómo iguala la muerte - los rojos y los azules!
¡Qué amor de sol los acerca! - ¡Qué paz de tierra los une!

Nadie es nada. Todos son -sílabas que se resumen
en un romance sin nombre - y en un olvido sin cruces.

¡Cómo se achica aquel bravo- y aquel capitán se pudre!
Y la miliciana aquella,-de entrabiertos ojos dulces,
con su fusil y su "mono",- muerta, en la yerba de bruces...,
¡qué montoncillo tan leve - de campanillas azules!

Pero Dios sabe sus nombres - y los separa en las nubes.

José María PEMÁN

jueves, 3 de diciembre de 2009

José Manuel Vidal, ¿chulo o gilipollas?



Este cura secularizado, que ya sabemos que no hay hereje sin mujer, va repartiendo lecciones de compostura al Obispo de Alcalá. Recapitulemos. Un hombre que ha hecho voto de castidad y lo ha incumplido por incontinente, lo que la Iglesia siempre definió como un Judas Iscariote, demuestra ahora su incontinencia por la viperina lengua. Y es que el Vidal dice lo siguiente, entre otras sandeces:

"Porque una misa, sí. Y en Paracuellos, también. Y hablando de mártires, por supuesto. Pero no una misa con la bandera franquista presidiendo. Que es inconstitucional, señor obispo. Y, aunque sólo fuese por eso, debería haberla mandado retirar. Y tenga cuidado, monseñor, con sus <>."

Bandera franquista: Dícese del símbolo de la España católica reconquistada para la Iglesia y Dios en el año de 1939.

Inconstitucional: Dícese de todo aquello que molesta a un rojo, esté recogido en la Constitución o deje de estarlo. Es como el Concilio Vaticano II donde si la ambigüedad no aplica lo suficiente se la aplica por el "espíritu del Concilio" y el artículo 33.

Amistades peligrosas: Hombre honesto, católico, español, ortodoxo, leal, fiel, heterosexual, blanco, padre ejemplar, abuelo encomiable, inteligente, con hacienda lograda con el sudor de la frente y no con el sudor del de enfrente, un tío con toda la barba y con los pantalones bien puestos, vamos. Caben muchos en este modelo, pero en particular uno: D. Blas Piñar López (del que inserto una foto en homenaje y respeto desde la distancia política y la comunión de ideales).

Pero es que estos securalizados no dejan de dar la lata, y es que en su deslealtad para con Dios no pueden conocer más que la amargura del rejalgar, anticipo de lo que les espera, si no se arrepienten, con la roedura del gusano de la conciencia. Vidal eres un amargado y destilas hiel. ¡Triste, que eres un triste!

Lo dicho, Vidal, eres gilipollas y toda tu inquina y ponzoña no valen más que para alentar más a la fidelidad, habida cuenta de lo mal que acaban los desleales a la Santa Causa de Nuestro Señor. No hay mal que por bien no venga.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Hoy comienza la Novena a la Inmaculada



Patrona de España y del Arma de Infantería, ruega por nosotros y por el Páter Roberto que en la flor de la vida parece que se le quiere poner el sol. Si en Flandes se puso, que no se ponga, por tu intercesión y con el sometimiento amoroso al divino beneplácito de la voluntad, en esta ocasión. Recordamos el suceso para que nos restituya el ánimo y la confianza en Vos, Madre Santa.

El 7 de diciembre de 1585, el Tercio del Maestre de Campo Francisco de Bobadilla combatía por España y la Fe católica en Holanda. La isla de Bommel, situada entre los ríos Mosa y Waal, era el reducto defendido por el Tercio Viejo, bloqueado por completo por la escuadra del Almirante Holak. Cinco mil hombres guarnecían la isla, "cinco mil españoles que eran a la vez cinco mil infantes, y cinco mil caballos ligeros y cinco mil gastadores y cinco mil diablos ", como dijera de ellos un almirante francés.

El bloqueo se estrecha cada día más; ya no quedan víveres, ni pertrechos de guerra, ni ropas secas. Sólo frío y agua y barro y desesperanza. Alejandro Farnesio, el gobernador de los Países Bajos, envía unos refuerzos que nunca llegan. Los maestres Carlos Mansfeld y Juan del Águila tratan, en vano, de socorrer a los sitiados; no hay esperanzas de auxilio.

El jefe enemigo propone entonces una rendición honrosa. La respuesta de Bobadilla es inmediata: "Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos". Ante tal respuesta, Holak recurre a un método infalible para acabar con la resistencia española.

Como las aguas del Mosa discurrían por un canal más alto que el terreno ocupado por los soldados, abre una enorme brecha en el dique y las aguas se precipitan sobre el campamento del Tercio, que pronto se ve rodeado de ellas por todas partes. No queda más tierra firme que el montecillo (apenas cincuenta metros) de Empel, donde, abandonando impedimenta y pertrechos, han de refugiarse los soldados, so pena de perecer ahogados.

En esta situación, un soldado del Tercio cavaba una trinchera "más para tumba que para guarecerse", cuando tropezó con un objeto de madera allí enterrado. Era una tabla flamenca en la que estaba pintada, en vivos colores, la Inmaculada Concepción.

Comenzó el soldado a gritar y acudieron sus compañeros que, colocando el cuadro sobre la bandera española, a modo de improvisado altar, cayeron todos de rodillas entonando la Salve. El Maestre Bobadilla, considerando el hecho como señal cierta de la protección divina, arengó así a sus soldados. "¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota, pero la Virgen Inmaculada viene a salvarnos. ¿Queréis que se quemen las banderas, que se inutilice la artillería y que abordemos esta noche las galeras enemigas?" "¡Si queremos!", fue la respuesta unánime de aquellos españoles.

Un viento huracanado e intensamente frío se desató aquella tarde helando las aguas del Mosa. Los españoles, marchando sobre el hielo en plena noche, atacan por sorpresa a la escuadra enemiga al amanecer del día 8 de diciembre y alcanzan una victoria tan completa que hace decir al almirante Holak: "Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro".

Aquel mismo día, entre vítores y aclamaciones, la Inmaculada Concepción es proclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia, la flor y nata del ejército español.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Vade retro...



Menuda fotito. Personajes sin desperdicio. De izquierda a derecha. El primero, su mejor resumen aquí.

El segundo y el séptimo famosísimos teólogos ellos, denunciantes ambos de un SACERDOTE (lo escribo así por que lo es como la copa de un pino en todos los sentidos, el literal también) que tuvo que sufrir, y sufre, lo indecible por estos sus martirizantes, que aunque a él le estén ganando el cielo, no les priva a ellos el castigo de su iniquidad. Dios lo tolera, hasta el Juicio individual que dice: ¡Basta!

¡Qué vergüenza! No sé, como tienen el morro de presentarse en sitios públicos, y lo que es peor, en la Iglesia. Miren los de Una Voce lo que hacen, que con estos van aviados.

¡Ay! Pobre Pío XII, con "defensores" como estos no le hacen falta los "hermanitos mayores".

lunes, 2 de noviembre de 2009

La paja en el ojo ajeno



A este Cardenal que recuerdan aquellas notas de Quevedo: "érase un hombre a su nariz pegado", y con esas narices no me extraña que utilice tácticas de "nuestros hermanos mayores", ha dicho lo siguiente (fuente: secretum meum mihi):

[Pontifex:] ¿Las nota en la Fraternidad?

[Card. Castrillón:]
Aquí, apunto. Yo no conozco todavía la posición oficial de toda la Fraternidad. Quiero decir que si de un lado se escuchan discursos aceptables y prometedores, otro tanto se lee en órdenes diversos, otros menos conciliadores y de tenor diferente. Sería bueno desde este punto de vista mayor uniformidad entre la Fraternidad.


Sí, Excelencia, como también sería no bueno, sino buenísimo que esa uniformidad existiera entre la Curia romana, los Obispos del orbe que se dice católico y el Santo Padre. No está bien eso de mirar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio, no, no está bien, me parece que se llma hipocresía, que es la levadura farisaica.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Parece que sí, que es tiempo, (Actualizado 13-11-2009)

AVISO IMPORTANTE: Esta entrada puede contener, como de hecho parece que contiene, errores de bulto, rogamos visiten el Foro Hispanismo, y en particular las intervenciones del forero Chanza para su correcta interpretación. Gracias y perdón por la falta de análisis, a veces hasta las inteligencias más preclaras y elevadas, como el P. Castellani, pueden errar. Por mi parte retracto desde ya todo aquello que no sea conforme a la Doctrina de nuestra Religión.

La mayoría de los protestantes, menos los anglicanos, son en realidad nestorianos, separando la persona de Cristo de la de Dios, diciendo que el primero fue un gran hombre, un hombre excelso, lleno del Espíritu Santo, pero no Dios.

Yo una vez entré en una iglesia del sur de Londres, que tenía confesionarios, imágenes de la Virgen y era igual que una iglesia católica e incluso vendían libros de Martindale, un jesuita inglés; pero luego me dijeron que era una iglesia anglicana. Un jefe anglicano, Lord Halifax, quiso unir el anglicanismo con la Iglesia Católica. Pero no pudo.

Ellos tienen solamente dos cosas que los separan: una que no obedecen al Papa; un inglés no puede obedecer a un italiano. La otra es el celibato eclesiástico. De manera que el Cardenal Mercier se juntó con Lord Halifax y éste proponía que nombrase un patriarca inglés que fuese como un segundo Papa, como un Vice-Papa y que no estuviese muy sometido a Roma y segundo, que se suprimiese el celibato eclesiástico.

La Iglesia no quiso y supongo que no pudo acceder a ello. El anglicanismo es la iglesia oficial de Inglaterra cuyo papa es la Reina, porque es una iglesia nacional. Las dos cosas que pedía, Roma las podía hacer; de suyo son posibles. Nombrar un patriarca de Inglaterra es posible. Antes, todas las regiones de la cristiandad estaban gobernadas por patriarcas que podían casi tanto como el Papa. La Iglesia era federal entonces; ahora es unitaria o centralista, gobernada desde Roma. Todavía el patriarca de Toledo tiene el título de patriarca de las Indias, que si fuera de los indios sería patriarca nuestro. Y la otra petición también podía ser concedida, pero por ahora parece que no ha llegado el tiempo.

P. Leonardo Castellani, S.J. (Catecismo para Adultos)

lunes, 19 de octubre de 2009

¿Es usted antisemita?



¿Cree usted que los judíos mataron a su Mesías?
¿Pide usted por la conversión de los judíos?
¿Realiza usted proselitismo de la causa católica?

Pues, si usted ha respondido "Sí" a alguna de esas tres proeguntas sepa que usted es considerado un antisemita. También puede alegar que en base a qué se le puede a usted acusar de tamaña majadería. En base a las propias definiciones judías, por lo que no hay otra: el diálogo interreligioso lleva aparejada la renuncia de la Fe católica, así sin más. Según se verá seguidamente, el antisemitismo religioso, es decir, eso que la Enciclopedia del Holocausto, llama odio antijudío como existió en el pasado, está anexado irremediablemente a la Iglesia que no conoció la verdad de "Lumen Gentium", "Gaudium et Spes" y "Dignitatis Humanae".

El antisemitismo para los judíos (Zadoff, Efraim (Ed.), SHOA - Enciclopedia del Holocausto, Yad Vashem y E.D.Z. Nativ Ediciones, Jerusalen 2004. Basado en: Rozett, Robert & Shmuel Spector (Ed.), Encyclopedia of the Holocaust, Yad Vashem and Facts On File, Inc., Jerusalem Publishing House Ltd, 2000) es:

Odio a los judíos como grupo o al “judío” como concepto. Se distinguen tres tipos de antisemitismo:

  1. religioso, principalmente cristiano, que discrimina a los judíos por su fe y sus tradiciones y por no haber aceptado a Jesús como Mesías; promueve la conversión al cristianismo;
  2. político, que se opone a otorgar a los judíos igualdad de derechos civiles; promueve la asimilación social y cultural de los judíos y su desaparición como grupo diferenciado;
  3. racista, que basa su odio en la existencia misma del judío; promueve la separación física de los judíos de la sociedad y en última instancia, su exterminio.
El término antisemitismo fue acuñado por primera vez hacia finales de la década de 1870, y desde entonces ha sido utilizado con referencia a todos los tipos de odio antijudío a lo largo de la historia. El vocablo deriva del hecho de que el idioma hebreo pertenece a la familia de las lenguas semitas, y en consecuencia los judíos son “semitas”. Con ese criterio, lo serían también los pueblos que hablan otros idiomas de la misma familia, como el árabe y el etíope. Sin embargo, ese “semitismo” amplio no existe, y de hecho ningún otro grupo ha sido objeto del odio y el prejuicio que denota el antisemitismo El término en sí es un buen ejemplo de cómo, en el último tercio del siglo XIX, los prejuicios raciales y culturales pretendían sustentarse en conceptos científicos.

El odio antijudío no es un fenómeno moderno – viene de tiempos remotos. El antisemitismo tradicional estuvo basado en la discriminación religiosa contra los judíos por parte de los cristianos. La doctrina cristiana estaba imbuida de la idea que los judíos eran responsables por la crucifixión de Jesús, y por lo tanto merecían ser castigados (esto es conocido como el mito del deicidio o muerte de Dios). Otro concepto que provocó el odio de los cristianos contra los judíos fue el “mito de la sustitución”, que sostenía que el cristianismo había reemplazado al judaísmo, ya que los judíos habían fracasado en su papel como pueblo elegido de Dios y por lo tanto debían ser castigados, especialmente por el mundo cristiano. A través de los siglos, diversos estereotipos sobre los judíos fueron cobrando vigencia. Los judíos individuales no eran juzgados sobre la base de sus logros o méritos personales, sino que eran percibidos según diversos estereotipos (a menudo combinados entre sí) como avaros, diabólicos, sectarios, vagos, amantes del dinero y promiscuos. Se llegó al punto de acusar falsamente a los judíos de utilizar la sangre de niños cristianos como parte del ritual de la festividad de la Pascua (acusación conocida como “calumnia de crimen ritual”).

Los siglos XVIII y XIX brindaron al mundo europeo la Ilustración – un movimiento filosófico que basaba su visión de mundo en la razón y no en el dogma religioso tradicional, el cual fue acompañado por ideas sobre humanitarismo y progreso social y político. Sin embargo, el antisemitismo no desapareció durante la Ilustración, sólo cambió sus formas. Al mismo tiempo que se les otorgaba a los judíos igualdad de derechos en muchos países europeos, muchas personas expresaban su aversión cuestionando si los judíos podían ser leales a los estados que los incorporaban como ciudadanos. Por su parte, aquéllos que se oponían a los cambios políticos y a la modernización acusaban a los judíos de ser los promotores de los mismos.

Durante la década de 1870, se incorporó al nuevo antisemitismo político el antisemitismo “racial”, basado en las nuevas ideas sobre la evolución de las especies expuestas por el naturalista inglés Charles Darwin – quien nunca tuvo la intención de que las mismas fueran utilizadas fuera del ámbito de la ciencia. Los antijudíos comenzaron a definir a los judíos eran una “raza” inferior en la escala evolutiva. Al establecer que los judíos constituían un “problema” con base física o genética, determinaron que el mismo nunca podría ser solucionado, aun cuando los judíos se asimilaran totalmente a su entorno social. Esta nueva forma de antisemitismo planteaba que los judíos eran responsables por los problemas mundiales debido a su “raza”.

Esta manera de pensar encontró en Alemania su expresión en un movimiento político nacionalista denominado el movimiento Völkisch (nacional). Los representantes de este grupo se oponían a la industrialización y al secularismo que acompañaban a la modernización, porque consideraban que destruirían la cultura tradicional alemana. Acusaban a los judíos de socavar el estilo tradicional de vida y sostenían que ellos formaban parte del pueblo alemán. A fines del siglo XIX surgieron en Alemania numerosos partidos políticos antisemitas, que fueron revitalizados después de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial.

El antisemitismo emergió en Francia en la década de 1890, durante el Caso Dreyfus, en el cual un capitán judío fue falsamente acusado de traición por un grupo de antisemitas. En la Rusia de los zares, el antisemitismo fue política oficial del gobierno. Los judíos tenían restringidos sus lugares de residencia dentro de ciertas áreas y la clase gobernante promovió pogromos. Sólo después de la Revolución de Febrero (1917) se les concedió la igualdad de derechos. Muchos judíos participaron de la Revolución de Octubre (1918) y ello proporcionó a los antisemitas, en toda Europa, otra excusa para odiar a los judíos, ya que ahora los asociaban a los aborrecidos comunistas.

El Partido Nazi, creado en Alemania en 1919 y llegado al poder en 1933, fue uno de los primeros movimientos políticos basado esencialmente en el antisemitismo racista. Los nazis discriminaron a los judíos desde el comienzo mismo de su régimen, primero instituyendo una legislación antijudía que separaba a los judíos del resto de la sociedad y posteriormente exterminándolos por ser miembros de una “raza inferior”. En los países que colaboraron con los nazis o que fueron ocupados por ellos, las manifestaciones locales de antisemitismo –ya fuera tradicional-religioso, político o racial– contribuyeron a determinar el destino de los judíos. Aun en los países que se opusieron a Hitler y a los nazis existió algún grado de antisemitismo, y algunos expertos consideran que posturas antisemitas inhibieron a esos países de esforzarse para rescatar a los judíos de manos de los nazis.

Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo tomó conciencia de lo que había ocurrido en Europa, el antisemitismo se debilitó significativamente. Numerosas instituciones cristianas reconocieron su profundo error al haber cultivado el antisemitismo cristiano tradicional (el papa Juan Pablo II calificó al antisemitismo como un pecado), y algunos gobiernos no permitieron la implementación de políticas antisemitas. Sin embargo, el antisemitismo se revitalizó en la Unión Soviética apenas pocos años después de finalizada la guerra, cuando Josef Stalin comenzó a perseguir sistemáticamente a los judíos.

Con el correr de los años, surgió un nuevo tipo de antisemitismo La oposición a la existencia del Estado de Israel (especialmente entre árabes y musulmanes) comenzó a enmascarar su odio antijudío como “antisionismo”. Incluso la Asamblea de las Naciones Unidas expresó su aprobación a ese sentimiento antisemita en 1975, cuando adoptó la resolución No. 3379 que declaraba que “sionismo es racismo”. Dicha resolución fue finalmente derogada en 1994. La negación del Holocausto y el neo-nazismo son otras formas de expresión del antisemitismo en el mundo moderno, al pretender absolver al nazismo de sus crímenes o glorificar al nazismo y al odio antijudío tal como existieron en el pasado.