jueves, 24 de septiembre de 2009

¿Quién se cree el centro del mundo?




El trabajo, incansable, de sacar a Cristo del centro de las sociedades civilizadas es algo que, propiamente, empieza en el Renacimiento. Es claro que la lucha del bien y del mal existe desde la caída de los ángeles rebeldes y su comunero (esto lo decía Quevedo, pero no va mal sacarlo de vez en cuando) líder a la cabeza, Satanás; pero hasta la llamada Edad Media Cristo no ocupa el centro de la vida espiritual y material de las naciones, todavía sin el componente jacobino que trajo la Revolución. Bien, la secuencia Renacimiento-Reforma-Revolución-Liberalismo-Socialismo-Comunismo, es una cadena eslabonada a lo largo de la Historia.

Que Dios, Cristo y la Iglesia no importan a las autoridades vaticanas es algo conocido, no por la especulación inductiva, sino a fuer de los hechos que están ahí para todo el que quiera ver; y el que no quiere ver, Dios lo confunde. Pero, volvamos a Mons. Williamson. He aquí un extracto de la traducción de Secretum:

Muchos, dentro y fuera de la Iglesia, llegaron a la equivocada conclusión de que la Iglesia ahora había aceptado opiniones antisemitas, y la desasociación de la clara aceptación desde el Concilio Vaticano Segundo de la libertad religiosa, el ecumenismo y el diálogo interreligioso.

Bien, como vemos el centro de todo gira a la visión que los demás tienen de las enseñanzas, cada una hija de su padre y su madre, del clero (alto y bajo) y no a la predicación de la Verdad. Bueno, pero no perdemos ahora esta acusación de un Obispo que se dice de la Iglesia Católica como es el de Estocolmo:

El Papa y el Vaticano habían pedido a Richard Williamson y a la SSPX claramente y sin duda distanciarse de la negación del Holocausto y pedir perdón. Hasta ahora, esto no ha ocurrido, el menos no en el caso de Williamson.

Bien, ¿se ha pedido perdón o no se ha pedido perdón? ¿Cómo que por lo menos en el caso de Mons. Williamson? ¿Quiere decir esto que sí se ha pedido perdón por la FSSPX? ¿Y si se ha pedido perdón por parte de la FSSPX, por qué no decirlo? No voy a entrar en el meollo de si sí o si no, lo que me interesa destacar es como se manipula para "dar imagen", simple y llanamente. Ni Cristo, ni la Verdad que vino a traer al mundo de los hombres para su salvación interesan, sólo interesa dar una imagen "friendly". Es por esto que podemos reconocer, siguiendo las enseñanzas de nuestro divino Salvador, que las autoridades vaticanas incumplen, son infieles, a su deber de estado, no ya el abandono a la divina Providencia, ¡quimera de estos días!, sino al cometido por el cual ocupan los cargos, sin las cargas.

No hay autoridad, el katejon inescrutable ha sido franqueado por el enemigo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

La Urraca que se cree Cigüeña



La urraca es una alimaña que pone sus huevos en los nidos de los demás, se come la legítima prole de la especie ajena cuyos progenitores, además de quedarse sin descendencia, alimentan al aniquilador de su especie.

Ya me he referido muchas veces al blog protestante, aunque él no lo crea, de La Cigüeña de la Torre, y hoy voy a hacerlo otra vez. Y lo voy a hacer con la firme intención de desenmascarar a la Cigüeña para que vean todos a la Urraca (desde luego vaya nombrecito que ponían algunos a sus doncellas).

Bien, dice, porque es lo que viene a decir tras el disfraz, la urraca de la torre en este post, sibilina y liberalmente como corresponde a su calaña intelectual, que un Santo de la Iglesia canonizado pertenece a una única categoría, que es la de los santos, negando un dogma de Fe, tal cual es la Jerarquía. Ese dogma, negado por los cátaros que devinieron en albigenses (los puros), es más viejo que el hilo negro, pero peligrosísimo en su actual versión que no es más que el igualitarismo. Repasemos un poco. Los cátaros pretendían que las desigualdades terrenas desaparecían con la muerte, es decir, todos los predestinados serían en la otra vida IGUALES. Y eso planteaba un serio problema en una sociedad donde se pedía "fiat voluntas tua sicut in coaelo et in terra", es decir, en una sociedad terrenal que tenía como IDEAL ser imagen de la sociedad celestial. Por tanto, el igualitarismo sería una lucha terrenal, algo conocido que los masones han sabido continuar en el nefando lema de igualdad.

El dogma católico es claro, la jerarquía es algo consustancial al orden y al principio ordenador. Los ángeles están jerarquizados y los Santos también lo están. Y no todos los santos, por muy canonizados que estén, ocupan el mismo lugar. La urraca, se come los huevos católicos y deja los judaizantes en esos articulos tan plagados de respetos humanos como de ponzoña.

Lo más gracioso de esta urraca cachonda es que se somete al juicio de la Iglesia, tanto como yo me someto a Santa Inquisición, es fácil someterse a lo que no existe.

P.S.: Parece ser que Una Voce Málaga, tras romperse llorando entre puñetas de ganchillo, vuelve a la contaminación, o concomitación Novus Ordo - Misa de siempre, pública, que lástima, con la buena oportunidad que han tenido para hacer algo bueno por la inteligencia humana, desaparecer.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Puntualicemos

En primer lugar, por fin, dar gracias porque ya hay una posición oficial de la FSSPX sobre la Encíclica "Caritas in veritate", por lo menos a lo que al Distrito de América del Sur se refiere. Y, por supuesto, no es lo que proponía Panorama Católico. Es lo que es, es decir, una ruptura más de la autoridad de la Iglesia con la Doctrina.

Ahora bien, dice el P. Bouchacourt que:

"La Fraternidad San Pío X, con motivo de las próximas discusiones doctrinales con las autoridades romanas, acometerá el difícil empeño de demostrar que el último Concilio y la enseñanza que se extrajo de él desde hace cuarenta años, constituyen una ruptura evidente y brutal con la enseñanza de siempre de la Iglesia.

Este objetivo parece sobrehumano;"

Este párrafo, y su deducción, es una falsedad. La FSSPX no tiene que demostrar que los documentos, algunos, del CVII son, o pueden ser interpretados, como anticatólicos; eso ya está demostrado, y no sólo por la FSSPX. Lo sobrehumano no es la demostración, lo sobrehumano es la aceptación, la conversión de las autoridades a la fidelidad del depósito de la Fe, eso es lo que es el objetivo, y por ese objetivo lo que sea para que nuestro Señor interceda por su Iglesia. Creo que era neceria la puntualización.

P.S.: Dicen que Una Voce Málaga ha sufrido una depresión, bueno, no hay mal que por bien no venga, el espacio internauta se ha librado de una fuente de confusionismo. Laus Deo.

martes, 11 de agosto de 2009

¿Quién manda en el Vaticano?

La pregunta no tiene fácil respuesta. Y no confundamos, por favor. La Iglesia está asitida por el Espíritu Santo, es el alma del Cuerpo Místico, pero el gobierno de esta sociedad visible lo llevan hombres. Así, esos hombres que gobiernan, con el Sumo Pontífice a la cabeza, como Vicario de Cristo que es, a veces pueden errar, por ignorancia o mala fe, en el gobierno y contradecir en lo temporal lo sobrenatural. Si bien, las puertas del Infierno no prevalecerán.

Cuando uno lee noticias como esta o como esta otra, aparte de la risa que provoca la ineptitud política del Vaticano, y de la sacudida a los cimientos de la justicia, enseguida le viene a la mente que las finanzas vaticanas van por mal camino. Porque no olvidemos que las finanzas, la usura de toda la vida (prestar dinero con interés, sea el que sea, es usura) están en manos de "nuestros hermanos mayores en la fe". Claro, que se olvida la cita de decir de qué fe estamos hablando. Si es en la fe de la pasta, está claro, los judíos nos han (mal)enseñado como ser sus esbirros, y si un Paulo IV tenía la desfachatez de decir de España que era "nido de judíos y marranos"*, me parece que se le ha caído encima al Vaticano los escupitajos lanzados hacia arriba, esos y no otros son los que mandan en la curia y ...

* Cabrera.

lunes, 3 de agosto de 2009

¿Por qué no lo dejan en paz?

Me refiero a Mons. Williamson, "off course". En la entrevista a la que se hace referencia en Secretum, Mons. Fellay, a mi ver, hurga en la herida y sigue echando sal. Este, pequeño, comentario sobre la entrevista no es ni malicioso, ni interesado, ni capcioso, pues, nada me va en el fondo de las discusiones, más allá de lo que le va a cualquier fiel de la Iglesia, es decir, todo o nada. Doctores tiene nuestra Santa Madre. Pero hay algo que es vergonzoso y es el continuo lastre sobre las declaraciones de Mons. Williamson. Con lo fácil que es decir que le dejen en paz, que está cumpliendo su particular penitencia, por su "imprudencia" (Mons. Williamson dixit) y se acabó, no, hay que regodearse en estupideces, porque son sobre cuestiones temporales puedo decirlo, como estas:

"En este contexto se puede entender la ira de los Judíos, yo la entiendo y deploro lo que pasó."

No, Monseñor Fellay, SER no puede entender la ira de los judíos, porque SER no es tampoco ninguna autoridad en la materia histórica, por lo tanto, si Mons. Williamson debe callar por su falta de autoridad, no estaría mal que S.E.R. hiciera lo propio, ¿no? ¿O es que ponen cargas a los demás que ustedes mismos son incapaces de soportar?¿De qué me sonará eso?

Dejense de tanto rollo judaico y no meneen más, porque quizás se granjearán la simpatía de algún rabino, cosa que dudo muchísimo, pero perderán la de los fieles católicos que les siguen y ven como por una cuestión humana, un Obispo católico ha sido relegado, un desperdicio, un lujo malsano, en las actuales condiciones para la salvación de las almas.

En el nombre de Dios, ¡déjenlo en paz!

lunes, 27 de julio de 2009

Para las almas TIMORATAS

Si hay algo que achacan los clérigos conservadores a todo aquel que hace una aproximación a la Tradición de la Iglesia, esa es la falta de comunión, el estado de comunión no plena. Estado que afecta a las churras y a las merinas, es decir, a los herejes, los cismáticos, los paganos, los judíos y los mahometanos. El ecumenismo ha inventado ese estado de "comunión" y el grado del mismo, esto es, pleno o no pleno. Por esto, estas palabras de Mons. Tissier de Mallerais, fsspx, en 2006, valen su peso en oro para las almas timoratas que son presa fácil para el secuestro de la conciencia.

Dice Monseñor:

La “comunión” no es nada, es una invención del Concilio Vaticano II; lo esencial es que estas personas (los obispos) no tienen la fe católica. La “comunión” no significa nada para mí; es un eslogan de la nueva Iglesia. La definición de la nueva Iglesia se basa en el concepto de “comunión”, pero nunca fue esa la definición de la Iglesia Católica. Sólo puedo darle la definición de la Iglesia como se ha entendido tradicionalmente. La Iglesia es la sociedad visible de aquellos que han sido bautizados, que profesan la fe católica, y que se sujetan al Romano Pontífice. Estos tres elementos son esenciales y necesarios, de modo que eso es todo lo que importa; la “comunión” no significa nada para mí.

Si hay algo importante para mencionar, es que estas personas han perdido la Fe, sobre todo la fe en el misterio y en el dogma de la Redención. Porque, como usted sabe, el Concilio Vaticano II no ha dicho una sola palabra acerca de la Redención. La reforma litúrgica, sí, falsificó completamente el misterio de la Redención.

Se puede decir más alto, pero no más claro. Algo que ya dijera en su tiempo el Padre San Atanasio en el "Quicumque":

1. Todo el que quiera salvarse, es preciso, ante todo, que profese la fe católica:
2. Pues quien no la observe íntegra y sin tacha, sin duda alguna perecerá eternamente.
3. Y ésta es la fe católica: que veneremos a un solo Dios en la Trinidad Santísima y a la Trinidad en la unidad.
4. Sin confundir las personas, ni separar la substancia.
5. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo.
6. Pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola divinidad, les corresponde igual gloria y majestad eterna.
7. Cual es el Padre, tal es el Hijo, tal el Espíritu Santo.
8. Increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo.
9. Inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo.
10. Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo.
11. Y sin embargo no son tres eternos, sino un solo eterno.
12. De la misma manera, no tres increados, ni tres inmensos, sino un increado y un inmenso.
13. Igualmente omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo.
14. Y, sin embargo, no tres omnipotentes, sino un omnipotente.
15. Del mismo modo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios.
16. Y, sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios.
17. Así el Padre es Señor, el Hijo es Señor, el Espíritu Santo es Señor.
18. Y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor.
19. Porque así como la verdad cristiana nos obliga a creer que cada persona es Dios y Señor, la religión católica nos prohibe que hablemos de tres Dioses o Señores.
20. El Padre no ha sido hecho por nadie, ni creado, ni engendrado.
21. El Hijo procede solamente del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado.
22. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente.
23. Por tanto hay un solo Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos.
24. Y en esta Trinidad nada hay anterior o posterior, nada mayor o menor: pues las tres personas son coeternas e iguales entre sí.
25. De tal manera que, como ya se ha dicho antes, hemos de venerar la unidad en la Trinidad y la Trinidad en la unidad.
26. Por tanto, quien quiera salvarse es necesario que crea estas cosas sobre la Trinidad.
27. Pero para alcanzar la salvación eterna es preciso también creer firmemente en la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo.
28. La fe verdadera consiste en que creamos y confesemos que Nuestro Señor Jesucristo; Hijo de Dios, es Dios y Hombre.
29. Es Dios, engendrado de la misma substancia que el Padre, antes del tiempo; y hombre, engendrado de la substancia de su Madre Santísima en el tiempo.
30. Perfecto Dios y perfecto hombre: que subsiste con alma racional y carne humana.
31. Es igual al Padre según la divinidad; menor que el Padre según la humanidad.
32. El cual, aunque es Dios y hombre, no son dos cristos, sino un solo Cristo.
33. Uno, no por conversión de la divinidad en cuerpo, sino por asunción de la humanidad en Dios.
34. Uno absolutamente, no por confusión de substancia, sino en la unidad de la persona.
35. Pues como el alma racional y el cuerpo forman un hombre; así, Cristo es uno, siendo Dios y hombre.
36. Que padeció por nuestra salvación: descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos.
37. Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso: desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
38. Y cuando venga, todos los hombres resucitarán con sus cuerpos, y cada uno rendirá cuentas de sus propios hechos.
39. Y los que hicieron el bien gozarán de vida eterna, pero los que hicieron el mal irán al fuego eterno.
40. Esta es la fe católica, y quien no la crea fiel y firmemente no se podrá salvar.
Aquí no se habla para nada del estado de "comunión" ni del grado, sino de la profesión de la Fe. Tiene razón Mons. Tissier de Mallerais, razón que deben las almas timoratas sobreponer a toda esa serie de peroratas liberales sobre la "plena comunión".

domingo, 26 de julio de 2009

Señor Santiago


Hoy plagio sin ningún rubor a mi camarada y compañero Paco Berrocal de Alto y Claro, totalmente iluminado en esta ocasión:


SEÑOR SANTIAGO...
(24.07.09)

Hijo del trueno, apóstol y mártir, patrón de España por siempre, a ti acudimos en esta tu gran fiesta anual, en nombre de España, los que hacemos y los que leen esta publicación,.

Señor Santiago: como en otros años desde hace varias décadas, también acudirán a ti otros que aun siendo españoles, reniegan de ello con palabras, obras y tremendas omisiones y silencios, convirtiendo tu fiesta y la tradición de tu ofrenda en un acto vulgar, uno más de los muchos que organizan sólo para salir en la foto; no les hagas caso en esta ocasión, como tampoco lo has hecho en la anteriores, pues son hijos de la oscuridad.

Señor Santiago: conoces perfectamente hasta qué punto España ha vuelto a ser aquella tierra inhóspita, salvaje, bárbara y brutal, idolatría y sometida al Maligno que tú encontraste cuando llegaste a ella, al Finis Terrae, anunciando el Evangelio cumplimiento el mandato de Nuestro Señor Jesucristo, y te desesperaste de tal forma, tal fue tu intención de abandonar, que tuvo que ser Nuestra Madre Santísima la que, en persona, apareciéndosete en Zaragoza, te hiciera cambiar de opinión. Hoy, como en aquel momento, ruega a la Virgen Santísima, refugio de pecadores, que no nos abandone por más tiempo, pues el trance en que nos encontramos es peor, mucho peor que nunca.

Señor Santiago: destruye la democracia y a todos sus partidos y sindicatos; disuelve las autonomías y expulsa de España a los profesionales de la política; borra hasta la última letra de la pérfida Constitución; destituye al Rey y mándalo, junto con su maldita estirpe, al exilio en algún lugar del que jamás puedan regresar; elimina de raíz todo vestigio de ese estúpido, grosero e injustificable independentismo; arroja al abismo a sodomitas, abortistas, divorcistas, corruptos y demás gentes de mal vivir; devuelve a sus países de origen a todos los inmigrantes que hoy pululan por aquí.

Señor Santiago: tú conoces a la perfección que desde hace algunas décadas, los españoles han perdido el juicio, se han envilecido, horterizado y convertido en necios cuyos actos son continuos y mayúsculos despropósitos que, además de dejarles en ridículo y ser causa de escarnio y mofa, les llevan al precipicio de la perdición.

Señor Santiago: tú sabes de la cobardía, corrupción, dejadez e indignidad que aqueja a aquellos que por sus profesiones y puestos de responsabilidad --la mayoría de su clero, especialmente sus obispos; militares, sobre todo de Comandante para arriba; jueces y magistrados, todos--, deberían dar un ejemplo especial y conducir a los demás. Pues bien, precisamente por esa responsabilidad incomparablemente superior a la del pueblo llano, tú, “hijo del trueno”, “Santiago matamoros”, blande tu espada y no dejes títere con cabeza, no tengas piedad de ellos como ellos, sumidos en la más vil traición, no la tienen de España.

Señor Santiago: ten piedad de esta sagrada tierra española que tanto dio y sufrió a lo largo de su Historia en defensa de Dios y de la única Fe verdadera y no dejes de atender las peticiones que hoy te hacemos.

Señor Santiago: los buenos y honrados españoles te rogamos encarecidamente que, tras concedernos lo anterior, vuelvas a convertir a España en Una sola tierra y pueblo sin fisuras, ni diferencias, ni particularidades, ni distinciones por mínimas que sean de ninguna clase; Grande en trabajo, progreso, justicia, equidad, dignidad y prestigio en el mundo y Libre de influencias extranjeras, vicios, villanías y miserias. Repón en el lugar que le corresponde a aquellos que en nuestra última Cruzada de Liberación Nacional lo dieron todo por Dios y por España, así como a los que también igualmente lo hicieron en los años posteriores ganando la paz y la prosperidad. Devuelve a nuestra juventud la ilusión, la mirada clara y limpia de cara al sol, y la voluntad para ser, realmente, el futuro de la única y verdadera España. Haz que reine sobre toda ella y en cada bravo corazón español la Cruz; que nos rijamos según la voluntad de Dios cumpliendo sus santos mandamientos; que sea Cristo nuestro rey y nuestras leyes las sociales y morales de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana; que España vuelva a ser martillo de herejes, motor de evangelización, reserva espiritual inagotable del mundo y brazo armado de Dios.

Señor Santiago, patrón por siempre de España, no te desesperes, pues sabes que este pueblo de dura cerviz es capaz, bien mandado, de realizar las mayores hazañas que jamás vieron los siglos y de ello tú mismo puedes dar fe. Así pues, te invocamos y a tus pies nos postramos, rogándote intercedas por España y los españoles ante Dios Nuestro Señor, y pidas a Nuestra Madre Santísima que, como en aquella ocasión, se apiade de nosotros, pues las horas que se viven son las peores en toda nuestra historia, España está, por primera vez, en trance cierto de desaparecer para siempre víctima de sus propios pecados y estupidez. Pero, señor Santiago, también hay españoles que, de pro y de buena fe, luchan y dan la cara, sufren y no se resignan, como hace ahora 73 años cuando, bajo la marea atea de los sin Dios y sin Patria, también había muchos que demostraron estar dispuestos a los máximos sacrificios con tal de que un caudillo los condujera a triunfar o morir por la única causa por la que ello merece la pena: por Dios y por España.

Señor Santiago: gracias.

De toda la redacción